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Fruterías “con olor a agrio”





En los últimos años estamos viendo la apertura de establecimientos de nuestro sector de dudosa profesionalidad, cuyo negocio consiste en comprar productos de muy baja calidad para venderlos a precios muy bajos. A priori, la relación entre estos dos valores no sería cuestionable, pero hay mucho más allá de esto.



Estos establecimientos fomentan el comercio de productos de destrío para luego venderlos en cantidades moderadas (casi siempre varios kilos) a un bajo precio, pareciendo esta oferta una buena oportunidad de compra. El problema es que, puesto que es producto de destrío, de cada kilo invariablemente el consumidor deberá tirar alguna pieza por estar en mal estado.



A esto hay que añadir las condiciones de compra, transporte y venta. Los que visitamos Merca Zaragoza cada día, vemos que las condiciones de compra y transporte no son las más idóneas en salubridad. Todos nosotros podemos ver las condiciones de venta. Establecimientos mal acondicionados, con la mínima higiene o ninguna, con producto ya estropeado y el consiguiente olor, deteriorados por dentro y por fuera con el impacto que esto tiene para el barrio y para los edificios donde están situados, con mala iluminación, trabajadores en condiciones precarias, etc. Algunos de ellos no superan las inspecciones sanitarias y son cancelados, otros permanecen abiertos no sabemos cómo…



Frente a esto estamos las fruterías que apostamos por la calidad del producto que vendemos, por supuesto, pero también por la calidad en la atención al cliente, la higiene, la conservación adecuada del stock, el transporte correcto, el mantenimiento de nuestros locales y el trabajo digno.


Todos nosotros, como consumidores, podemos entrar en un establecimiento cuyas condiciones “huelen a agrio” o comprar en las tiendas profesionales, cuidadas y comprometidas. Pero tal vez antes de decidir solo en base a sus precios más o menos bajos, deberíamos cuestionarnos que tipo de empresas queremos apoyar con nuestro acto de consumo. Para ello solo hace falta hacernos una sencilla pregunta:
¿Qué tipo de comercio deseo tener cerca de mi casa?



 

EL VALOR DE LO CERCANO




Estamos en la era de la oferta y la demanda y en este panorama tan competitivo el pequeño comercio trabaja día a día y sin descanso para estar a la altura. Y no es fácil, pues como todos podemos imaginar, los medios no son los mismos que los que tiene una gran superficie comercial.

Tan sólo marcando la diferencia podemos llegar y calar en el consumidor y para ello debemos potenciar aquellos valores que nos distinguen con respecto a ellos.

Entre estos valores se encuentra la calidad del servicio. Si elegimos comprar en la tienda de nuestro barrio, seremos atendidos por un comerciante especializado en su producto que conoce la procedencia del mismo, la calidad, durabilidad, etc. Además, con el tiempo, conocerá nuestras preferencias pudiendo incluso mejorar el asesoramiento.

Comprar en el pequeño comercio es incentivar el consumo de productos cultivados o fabricados en nuestro país, pues la forma proveerse es absolutamente diferente a una gran superficie donde priman la variedad de artículos y la oferta llamativa, frente a la procedencia local, la calidad o la frescura de los productos.

También es positivo tener en cuenta que el comercio de proximidad forma parte de una economía local que genera una riqueza más distribuida, que revierte en nuestro entorno y que además crea empleo. A esto hay que sumarle el hecho de que una empresa pequeña cotiza y paga sus impuestos en el país donde reside, pues no gestiona enormes beneficios deslocalizados o invertidos en otros países.

Fuera del valor estrictamente comercial, las tiendas de nuestras calles enriquecen nuestros barrios pues conforman un paisaje de locales vistosos, de aceras animadas y con vida y nos ofrecen la posibilidad de comprar los productos más cotidianos a pocos pasos de nuestra casa y, obviamente, esto no es posible sin el consumidor que elige comprar en ellos.

En competencia a estos valores se encuentra la amplitud de horarios que ofrece un centro comercial. Nosotros, en Frutería Luis Alberto, pensamos que comprar producto fresco no debe ser un lujo al alcance sólo de personas con tiempo libre. Pensamos que personas que trabajan con amplios horarios o que por la circunstancia que sea viven cada día contra reloj, merecen tener la posibilidad de acceder a la calidad de su comercio cercano, por esta razón hemos ideado nuestro sistema de “Pedidos on-line”, para que el cliente pueda hacer su compra en el momento que pueda -incluso fuera de horario comercial- y pasar a recogerla cuando le venga bien, sin colas ni esperas.

Con ideas como esta, ilusión, especialización y mucho trabajo, formamos parte del tejido comercial de Zalfonada y de la ciudad de Zaragoza y desde aquí, os invitamos a apoyar el trabajo diario del comercio de proximidad, pues ello impulsará su presencia en nuestro entorno facilitándonos todo aquello que cotidianamente necesitamos, con calidad, servicio, trato personalizado y sin tener que coger el coche.